martes, 10 de febrero de 2015

Nana triste


Historia de la vieja luna y el nuevo sol (nana triste)


El Sol le dijo a la Luna te quiero, te adoro, te mando mi luz.   Si tienes un poco de alma, no me des la espalda, refléjala tú.

La Luna le escucha y  le aguarda desde su ventana tras el ancho mar de una Tierra firme y cercana que cuida a su hija sin dar paso atrás.

Yo hasta ti viajaría, te acariciaría, te haría volar más allá de este vasto universo de mil y un misterios aún por hallar.

No dejes que este mi lamento se pierda en el viento y llegue a Plutón, ¿sabes? soy el centro del universo y no puedes moverlo sin más.

Te amo, te busco y te escapas detrás de esa roca tan verde y azul; no vale la pena ocultarse, no seas cobarde y mírame ya.

La Luna que es dulce y hermosa se vuelve dichosa al oírle cantar que la ama y quiere besarla, con suaves palabras la quiere cazar.

La Luna que gira y que gira, así danzarina decide salir detrás de su madre la Tierra para ver el fuego del dios de la luz.

No sabe que el Sol egoísta maneja los cielos del norte y del sur, y que busca un espejo perfecto donde ver su gallardo reflejo de luz.

Así la Luna risueña le entrega su risa, su alma y su amor y solo recibe los dardos de fuego que chocan directos en su blanca faz.
La Luna envejece deprisa, se rompe y se quiebra,  se deja llevar por siglos que pasan en ella y ya no es la hermosa perla celestial.

Vanesa Herencias Rodríguez

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