Historia de la vieja luna y el nuevo sol (nana triste)
El Sol le dijo a la Luna te quiero, te adoro,
te mando mi luz. Si tienes un poco de alma, no me des la espalda, refléjala tú.
La Luna
le escucha y le aguarda desde su ventana
tras el ancho mar de una Tierra firme y cercana que cuida a su hija sin dar paso
atrás.
Yo
hasta ti viajaría, te acariciaría, te haría volar más allá de este vasto
universo de mil y un misterios aún por hallar.
No
dejes que este mi lamento se pierda en el viento y llegue a Plutón, ¿sabes? soy
el centro del universo y no puedes moverlo sin más.
La Luna que es dulce y hermosa se vuelve dichosa al oírle cantar que
la ama y quiere besarla, con suaves palabras la quiere cazar.
La Luna
que gira y que gira, así danzarina decide salir detrás de su madre la Tierra
para ver el fuego del dios de la luz.
No sabe
que el Sol egoísta maneja los cielos del norte y del sur, y que busca un espejo
perfecto donde ver su gallardo reflejo de luz.
Así la
Luna risueña le entrega su risa, su alma y su amor y solo recibe los dardos de
fuego que chocan directos en su blanca faz.
La Luna envejece deprisa, se rompe y se quiebra, se deja llevar por siglos que pasan en ella y
ya no es la hermosa perla celestial.
Vanesa Herencias Rodríguez
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