martes, 15 de diciembre de 2015

Dolor


Dolor

Cuánto dolor puede aguantar un corazón cansado.

Cuánto un niño hambriento, cuánto un enfermo que mira un futuro oscuro.

Cuándo dolor pueden  soportar los hombros de una mujer asustada.

Cuánto, dime cuánto.

Porque dolor es lo que siento, o no,  es rabia, tanta rabia que me duele, la misma rabia que le duele al corazón cansado de estar hecho pedazos, la misma que está presente en las lágrimas del niño, esa que emponzoña el corazón y la mente del enfermo que conoce su largo y penoso camino por la vida, la misma rabia que agarrota los miembros de esa mujer.

Porque la vida no es justa, pero con unos es más justa que con otros y la injusticia ajena me duele, pero, lo siento, la mía me duele mucho más; porque vivo con ella los 1040 minutos de cada día y la siento, la palpo, la pienso, la llevo allá donde voy y no puedo escapar de ella ni siquiera en sueños.

Lo siento, siento no ser valiente y hacer frente al dolor, a la rabia, a una enfermedad injusta, siento tener que llorar, lo siento.

Perdonadme, pero necesito que veáis cómo lloro, cómo me duele, que estéis a mi lado compartiendo mi dolor, ¡qué egoísta!

Sí, me pregunto, cuánto dolor puede aguantar el corazón de un cuerpo enfermo, cuál se rendirá primero.