Un pueblo de silencio (Viento)
Érase una vez un pueblo lleno de silencio
donde el único que hablaba era el viento. Llevaba en susurros de aquí a allá
los pensamientos de un pueblo mudo. Revoloteaba alrededor de las cabezas y los
corazones y se llevaba consigo los más íntimos pensamientos de los que paseaban
por las calles tranquilas, ajenas al murmullo de las villas comunes donde el
parloteo incesante, los ladridos de los perros y los maullidos de los gatos
llenan el aire.
Un pueblo mudo pero no solitario, cada
suspiro, cada palabra de amor pensada, cada esperanza sentida, cada idea
surgida en la mente era llevada por Viento a la persona adecuada. Quizás a
veces se demorase un poco haciendo un par de remolinos de más cuando pasaba
alguna muchacha de falda roja, o al ver en una esquina un pequeño montón de
hojas secas listas para despegar y saltar por los aires con un breve soplido,
pero el mensaje nunca se perdía, Viento lo guardaba entre sus infinitos
cabellos invisibles para el ser humano.
Un lugar donde el sonido no se echaba de
menos, no había orquestas porque llevaban la música en su corazón, ni gritos
porque sabían hablar con la honestidad del corazón desnudo, ni palabras
superfluas porque Viento transportaba lo estrictamente necesario, ni mentiras porque
pesan demasiado para sostenerse entre los finos cabellos de Viento.
Un sueño de pueblo, un pueblo soñado donde
descansar, cerrar los ojos y sentir en lo que está más dentro solo silencio.
Dedicado a todas
esas personas que, como yo, nunca más podrán sentir el silencio.
Vanesa Herencias
Rodríguez