martes, 10 de febrero de 2015

Un pueblo de silencio


Un pueblo de silencio (Viento)

Érase una vez un pueblo lleno de silencio donde el único que hablaba era el viento. Llevaba en susurros de aquí a allá los pensamientos de un pueblo mudo. Revoloteaba alrededor de las cabezas y los corazones y se llevaba consigo los más íntimos pensamientos de los que paseaban por las calles tranquilas, ajenas al murmullo de las villas comunes donde el parloteo incesante, los ladridos de los perros y los maullidos de los gatos llenan el aire.
Un pueblo mudo pero no solitario, cada suspiro, cada palabra de amor pensada, cada esperanza sentida, cada idea surgida en la mente era llevada por Viento a la persona adecuada. Quizás a veces se demorase un poco haciendo un par de remolinos de más cuando pasaba alguna muchacha de falda roja, o al ver en una esquina un pequeño montón de hojas secas listas para despegar y saltar por los aires con un breve soplido, pero el mensaje nunca se perdía, Viento lo guardaba entre sus infinitos cabellos invisibles para el ser humano.
Un lugar donde el sonido no se echaba de menos, no había orquestas porque llevaban la música en su corazón, ni gritos porque sabían hablar con la honestidad del corazón desnudo, ni palabras superfluas porque Viento transportaba lo estrictamente necesario, ni mentiras porque pesan demasiado para sostenerse entre los finos cabellos de Viento.
Un sueño de pueblo, un pueblo soñado donde descansar, cerrar los ojos y sentir en lo que está más dentro solo silencio.
 
 
Dedicado a todas esas personas que, como yo, nunca más podrán sentir el silencio.
 
Vanesa Herencias Rodríguez

Nana triste


Historia de la vieja luna y el nuevo sol (nana triste)


El Sol le dijo a la Luna te quiero, te adoro, te mando mi luz.   Si tienes un poco de alma, no me des la espalda, refléjala tú.

La Luna le escucha y  le aguarda desde su ventana tras el ancho mar de una Tierra firme y cercana que cuida a su hija sin dar paso atrás.

Yo hasta ti viajaría, te acariciaría, te haría volar más allá de este vasto universo de mil y un misterios aún por hallar.

No dejes que este mi lamento se pierda en el viento y llegue a Plutón, ¿sabes? soy el centro del universo y no puedes moverlo sin más.

Te amo, te busco y te escapas detrás de esa roca tan verde y azul; no vale la pena ocultarse, no seas cobarde y mírame ya.

La Luna que es dulce y hermosa se vuelve dichosa al oírle cantar que la ama y quiere besarla, con suaves palabras la quiere cazar.

La Luna que gira y que gira, así danzarina decide salir detrás de su madre la Tierra para ver el fuego del dios de la luz.

No sabe que el Sol egoísta maneja los cielos del norte y del sur, y que busca un espejo perfecto donde ver su gallardo reflejo de luz.

Así la Luna risueña le entrega su risa, su alma y su amor y solo recibe los dardos de fuego que chocan directos en su blanca faz.
La Luna envejece deprisa, se rompe y se quiebra,  se deja llevar por siglos que pasan en ella y ya no es la hermosa perla celestial.

Vanesa Herencias Rodríguez